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Archivo para Marzo, 2012

La crueldad del gol de oro en su máxima expresión

Viernes, 23 de Marzo de 2012

David Trezeguet, que todavía juega en la segunda división argentina, conocida como “la B”, en las filas de histórico River Plate, fue el gran protagonista el 2 de Julio del año 2000 en el mítico estadio De Kuip, en Rotterdam.

Gracias a un gol suyo en el minuto 103 del partido entre Francia e Italia, los “bleus” se proclamaron campeones de Europa, sólo dos años después de ser campeones del mundo en su propio Mundial.

La regla del “maldito” gol del oro, maldito para el que pierde, claro, daba el título a Francia de la forma más cruel posible para su rival, la selección italiana que dirigía el mítico Dino Zoff.
Franceses e italianos habían llegado a la final de la Eurocopa de Bélgica y Holanda sufriendo bastante en casi todos sus partidos (especialmente el equipo italiano). Fue una Eurocopa muy igualada.

Roger Lemerre, técnico de una Francia inmersa en muchos problemas internos, alineó a Barthez en la puerta, Thuram, Desailly, Blanc y Lizarazu en defensa, Vieira, Deschamps, Djorkaeff y Zidane en medio campo, dejando arriba a Dugarry por detrás de Henry.

En la segunda parte, entraron Wiltord, en sustitución de Dugarry, Trezeguet, en sustitución de Djorkaeff, y Pires, casi al final, en sustitución de Lizarazu, cambios que a la postre serían definitivos.

Dino Zoff, 18 años después de ganar el Mundial de España, podía ser campeón de Europa como técnico, y aquella noche decidió que Toldo en la puerta, Pessotto, Cannavaro, Nesta, Iuliano y Maldini en defensa, Albertini, Di Biagio y Fiore en medio campo, con Totti y Delvecchio arriba, fueran los encargados de hacer soñar a todo el país transalpino.
En la segunda parte entraron, Del Piero, Ambrosini y Montella, en sustitución de Fiore, Di Biagio y Delvecchio, respectivamente.

Francia comenzó mejor el partido, con ocasiones claras de Henry y Djorkaeff. Italia sólo creaba peligro a balón parado, pero su alineación era muy defensiva, con dificultad para elaborar. Esa fue la tónica de todo el primer tiempo, Francia llevando el peso e Italia, con defensa de cinco, y dos jugadores muy defensivos por delante, como Di Biagio y Albertini, esperando para lanzar contras con Fiore, Totti y Delvecchio.

Cero a cero al descanso y las espadas en todo lo alto. Zoff dio entrada a Del Piero por Fiore, a los ocho minutos de la segunda parte e Italia creció en el partido. Aún se recuerda la clarísima ocasión que tuvo Del Piero, ya con uno a cero a favor de Italia, entrando por el perfil izquierdo del área, y que no acertó a convertir.

En el minuto 55, Zoff se encontraba con su escenario soñado, una combinación entre Totti (con un pase de tacón) y Pessotto, con centro de este último, le llegó a Delvecchio, que fusiló a Barthez poniendo el uno a cero en el marcador.

Tras el fallo de Del Piero, Zidane comenzó su aparición en el partido, retrasando su posición y generando fútbol. Lemerre dio entrada a Wiltord y a Trezeguet, e Italia cada vez estaba más atrincherada.
Con cuatro minutos sobre el tiempo reglamentado, e Italia pidiendo la hora, una incursión de Wiltord por la izquierda concluyó con un disparo cruzado que batió a Toldo, poniendo el uno a uno en el marcador y enviando el partido a la prórroga.

El gol de oro planeaba sobre el partido y el miedo se apoderó de ambas selecciones en el comienzo de la prórroga. A dos minutos para el final de la primera parte de la misma, una jugada descomunal de Robert Pires por banda izquierda, terminó con un centro atrás del extremo del Arsenal (en aquel momento). Trezeguet, con un gran movimiento de delantero centro, se retrasó un paso, para rematar con la izquierda, según venía el centro y batir a Toldo por arriba.

El éxtasis se apoderó de toda la selección francesa. El partido acababa ahí y Francia era campeona de Europa.

El palo fue enorme para Italia, para Zoff como técnico y para un país que en minuto 93 se sentía campeón de Europa.

Como dice Maldini en una reciente entrevista para la revista oficial de la UEFA Eurocopa 2012 de Polonia y Ucrania, “en la pausa entre el tiempo reglamentario y la prórroga nos deciamos que teníamos que levantar la cabeza y ganar la final. Pero eran palabras en el aire: pienso que, en nuestro fuero interno, sabíamos que el gol del empate nos había matado psicologicamente”.

El gol de oro, hoy felizmente desparecido, le había dado el título a Francia, que quizá lo mereció más, pero lo consiguió de la forma más cruel posible para el contrario.